La nutrición encierra un concepto que contiene a su vez muchos aspectos.
El efecto de las deficiencias nutricionales se estableció desde los años 1700s. Sin embargo, no fue sino hasta 1912, que el término “vitaminas” fue descrito. El nombre vitamina proviene de aminas vitales, ya que son vitales o fundamentales para la vida. Conforme se siguieron estudiando, se evidenció que son elementos esenciales para mantener una adecuada salud y tratar enfermedades que provienen de deficiencias (1).
Hoy en día, se cuenta con extensa evidencia científica, la cual establece una fuerte relación entre los patrones dietéticos y el estado de salud de las personas (2).
Cuando se habla de un patrón dietético, se hace referencia a la combinación de alimentos y bebidas que constituyen la ingesta dietética total de un individuo. Estos pueden promover un adecuado estado de salud o perjudicar el mismo (3).
Importancia de los macronutrientes:
Las modas y tendencias de nutrición viven en el internet y redes sociales. La popularidad de las dietas crece cada vez más, enfocándose únicamente en el peso corporal.
Sin embargo, el peso corporal no es necesariamente un reflejo del estado de salud ni de la nutrición de la persona. Muchas dietas de moda excluyen grupos de alimentos esenciales para el adecuado funcionamiento del cuerpo humano, lo cual aleja a las personas de obtener un adecuado estado de salud (4).

Carbohidratos y fibra
La cantidad y calidad de carbohidratos consumidos en la dieta tienen un impacto importante en la salud. La amplia promoción de “dietas milagro”, promueve la reducción u omisión de este macronutriente (5).
Sin embargo, los carbohidratos son un componente esencial de la nutrición y clave para la salud. Especialmente aquellos carbohidratos que contienen fibra, como granos integrales, legumbres, frutas y vegetales. Ya que, mejora la salud de la microbiota intestinal, también conocida como flora intestinal.
La fibra es la parte no digerible de algunos carbohidratos, la cual es fermentada en el intestino grueso por los microorganismos (microbiota) que lo habitan.
La fermentación de estos carbohidratos resulta en la producción de ácidos grasos de cadena corta, aportando importantes beneficios para la salud como: mejora del sistema inmune, menor respuesta alérgica, mayor saciedad después de comer, control de grasa corporal, menor incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles, entre otros (6).
Grasas
La grasa es otro macronutriente que tiende a ser omitido al momento de buscar una pérdida de peso. Sin embargo, las dietas bajas en grasa no ayudan a prevenir el riesgo cardiovascular o diabetes tipo II.
Para poder obtener los beneficios de este macronutriente, se deben sustituir las grasas trans (margarina, comida rápida, alimentos ultraprocesados, etc.) y grasas saturadas (tocino, mantequilla, carne roja, etc.) por grasas monoinsaturadas (frutos secos, aceite de oliva, aguacate, etc.) y poliinsaturadas (semillas, salmón, aceite de soja, etc.). Este cambio resulta en una reducción significativa del riesgo de muerte (7).
Proteínas

La cultura de las dietas promueve un alto consumo de proteína como estrategia para la perdida de peso. Sin embargo, se ha evidenciado que el consumo de 250 g de carne al día resulta en un aumento de peso de 2 Kg en un periodo de 5 años.
Además, existe evidencia de la relación entre el alto consumo de carne roja y mayor mortalidad y riesgo de desarrollo de enfermedades. La proteína es un macronutriente sumamente importante pero no por eso se debe exceder su consumo. Se puede obtener proteína a partir de fuentes vegetales, la cual se asocia a mejor control de peso, mayor regulación de apetito, menor aporte de calorías y grasas saturadas.
Por lo tanto, las guías de alimentación más recientes, recomiendan limitar el consumo de carne roja y procesada a menos de 70 g al día (8).






